jueves, 11 de febrero de 2016
Gracias por tu gentileza de preguntarme si quiero que nos encontremos y no dar por hecho que correré a tus brazos con la velocidad de una bala. Porque ¿sabes qué? ésa es la verdad. A la mínima insinuación de tu parte saldré a asarme bajo este calor maldito del mes de diciembre y pondré mi bolso que parece llevar cemento sobre mis hombros. Mi puntualidad te asombraría y mi capacidad de sortear estas calles llenas de baches en el pavimento con tacones, que pareces ni llevar zapatos en los pies con las piedrecillas al ras también.
En cuanto digas que tienes un minuto antes de volver a tu vida real, voy a volverme una fantasía en un espacio de tiempo que no se concreta, sin masa, sin forma, y allí estaré.
Después de leer en tu mensaje un "ven", me saco la máscara del poder femenino y me vuelvo cachorro en búsqueda de una caricia.
Y qué me importa el sol, la hora y el dolor de pies
qué importan los informes que entrego el viernes
qué importa el falso orgullo
si mi piel aun reconoce a la tuya.
Correré, cual niña santa apurada por la campana, pero que de santa tendré lo que dura el rojo del semáforo
que cuando da el verde me sumerjo en tu cuello soñando que no hay nada más que este momento.
¡Ay madre, ay padre! perdonen a la loca que volverá a casa a eso de las 10. La dignidad de la pequeña ha sido corrompida por una diabla usurpadora de corazoncitos de niños, una a la que le valen madre los principios del respeto y la palabrería social.
Qué rol tiene la voluntad cuando el verdadero coraje está en aceptar la completa sumisión, la caída más dolorosa del orgullo de haber perdido el control. Cerebro, perdiste la batalla. Sentimiento, escribe en mí el personaje que quieras. ¡Rendición! mi alma de viuda negra, de llorona de carreteras, suplica al alcohol, a los cigarrillos, a las avenidas solitarias unos pasos tomada de tu brazo.
Ay niño, la cuenta está esperando...entablo denuncia por la desaparición de mi conciencia.
En la bruma soy aún su mujer
Mi obstinada presencia a mitad de la calle
se queda estática, endurecida al viento
y mis ojos, concentrados, dibujando las líneas de sus pasos
se encandilan con el único farol testigo nuestro
Así me quedo, en la figura nublada de una amante fantasma
En el silencio aún soy su mujer
en el silencio de una queja que pierde el sentido a mitad de la lengua
no hay argumento de peso bajo un abrazo fundidor de hielos
las mil palabras de mi protesta, de mi rabia y de mi pena
son un discurso absurdo al final de la tarde
al final de la espera
En la noche, en el día, en el cielo eterno y en las plazas de secretos encuentros
en la soledad de un desvelado anhelo
de una triste sonrisa de despedida
de una brisa bajo sus rizos negros
en las malditas horas en que no lo veo
en el segundo bendito en que lo beso
cuando lo odio
cuando lo reto
cuando acaricio su cansancio
cuando reclamo a las tardes que no me traen su recuerdo
y las nubes volando se tropiezan para apurar el invierno
cuando pierdo la carrera contra mi ingenua incensatez
y apoyada sobre su hombro cierro los ojos y sueño...
en todos los juramentos sigo siendo su mujer.
Hoy he sido una mala niña.
No tomé mi vitamina, no desayuné y bebí café.
No ordené la casa, no acaricié al gato y me pinté los labios ante un espejo quebrado.
Hoy no me puse tacos de señorita, no he dicho ningún "te quiero".
Hoy me subí a una nube y aventé piedras hacia ríos oscuros, ríos que son las venas de la ciudad enferma.
Dejé caminar a una araña por mi brazo, hice pitanzas a los fantasmas, quise compañía y di patadas al aire.
Escribí garabatos, debatí de religión y del tiempo con perros callejeros. Tropecé con mi nudo de garganta cuando eché de menos y mi vuelo de mosca hizo un zigzag por la memoria.
Hoy no he sido una niña buena. He sido sólo niña, niña envejecida en la comisura del ojo. Hoy no salté, ni canté.
Hoy bostecé y caminé por veredas sin sombra, derritiendo los pensamientos que no alcanzan a ser buenos versos, despreciando el consuelo fresco y traicionero de una vida que intenta joderte cada media sonrisa y te cobra al día siguiente.
Hoy no recordé mis sueños ni lamenté no hacerlo.
Hoy me solté de la mano de las intenciones hermosas, de los fastidiosos angelitos de la guarda, de mi alter ego candidata a santa.
Hoy he sido una niña mala.
No tomé mi vitamina, no desayuné y bebí café.
No ordené la casa, no acaricié al gato y me pinté los labios ante un espejo quebrado.
Hoy no me puse tacos de señorita, no he dicho ningún "te quiero".
Hoy me subí a una nube y aventé piedras hacia ríos oscuros, ríos que son las venas de la ciudad enferma.
Dejé caminar a una araña por mi brazo, hice pitanzas a los fantasmas, quise compañía y di patadas al aire.
Escribí garabatos, debatí de religión y del tiempo con perros callejeros. Tropecé con mi nudo de garganta cuando eché de menos y mi vuelo de mosca hizo un zigzag por la memoria.
Hoy no he sido una niña buena. He sido sólo niña, niña envejecida en la comisura del ojo. Hoy no salté, ni canté.
Hoy bostecé y caminé por veredas sin sombra, derritiendo los pensamientos que no alcanzan a ser buenos versos, despreciando el consuelo fresco y traicionero de una vida que intenta joderte cada media sonrisa y te cobra al día siguiente.
Hoy no recordé mis sueños ni lamenté no hacerlo.
Hoy me solté de la mano de las intenciones hermosas, de los fastidiosos angelitos de la guarda, de mi alter ego candidata a santa.
Hoy he sido una niña mala.
El problema fue que todo era y dejaba de ser a la vez
Yo yacía tendida sobre un páramo de dudas
sin demasiado afán por encontrar alguna certeza
con la cabeza hacia arriba y los ojos puestos en el universo
contaba dioses y becerros
angelitos vendiendo su suave consuelo en el mercado negro
más yo, sin saber a quién ofrecer todos mis ruegos
Yo, un cuerpo frágil contenedor de deseos
dispuesto a rematar todos sus sueños de infancia
Pero no había dios
o ángel
o bestia sagrada
capaz de hacerse cargo de tantos infiernos.
Yo yacía tendida sobre un páramo de dudas
sin demasiado afán por encontrar alguna certeza
con la cabeza hacia arriba y los ojos puestos en el universo
contaba dioses y becerros
angelitos vendiendo su suave consuelo en el mercado negro
más yo, sin saber a quién ofrecer todos mis ruegos
Yo, un cuerpo frágil contenedor de deseos
dispuesto a rematar todos sus sueños de infancia
Pero no había dios
o ángel
o bestia sagrada
capaz de hacerse cargo de tantos infiernos.
No fui silencio ni sosiego
fui el incendio en la noche de la tierra
la máxima llama de mi género
que alumbró la conciencia y la materia
Fui el destino de la esclava que reina sobre sus cadenas
el reclamo de las libertades clausuradas
Femeninas, masculinas
bestiales, salvajes
que revelándome al dictamen del secreto
reparto verdades en el viento
no seré existencia de claustro y renuncia
seré el susurro que escuchan sólo los rebeldes
No he sido recipiente ni abnegada pasividad
he sido lucha, creación y acción.
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