El problema fue que todo era y dejaba de ser a la vez
Yo yacía tendida sobre un páramo de dudas
sin demasiado afán por encontrar alguna certeza
con la cabeza hacia arriba y los ojos puestos en el universo
contaba dioses y becerros
angelitos vendiendo su suave consuelo en el mercado negro
más yo, sin saber a quién ofrecer todos mis ruegos
Yo, un cuerpo frágil contenedor de deseos
dispuesto a rematar todos sus sueños de infancia
Pero no había dios
o ángel
o bestia sagrada
capaz de hacerse cargo de tantos infiernos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario