domingo, 9 de agosto de 2015

Esbozos


Nos sumergimos en el agua por mucho rato, no sé contar las horas. Es invierno, el bosque está nevado y el agua congelada, pero voluntariamente entramos en ella. Es lo que somos.
Nuestro instructor está afuera, cuidándonos, hablándonos, guiándonos. Hoy somos cuatro mujeres. Esta es sólo una prueba de tantas a las que nos sometemos en nuestro entrenamiento espiritual. El frío nos lleva a un estado de seminconsciencia en el que experimentamos trances y visiones místicas. No es de gran importancia lo que veamos o sintamos en éste momento, pero es importante vivirlo, estar siempre en conexión. Somos los puentes.
El agua llega hasta mi barbilla cuando resbalo. Éste arroyo no tiene fondo. Sus orillas descienden hasta que la tierra se abre en un canal subterráneo. Debemos cuidar de no resbalar. Si lo hacemos no pasará nada, pero cualquiera prefiere no descuidarse.
El agua es tan clara que puedo ver mis pies. Están muy blancos. A pesar del dolor y la incomodidad me siento limpia.
De pronto veo una figura entre los árboles, a lo lejos. Éstos ritos nadie los puede ver, ni siquiera los discípulos. Me quedo mirándolo y él nos observa. Está impresionado, lo sé, él sabe lo que hacemos pero nunca lo había visto. Es primera vez que veo a este hombre. No nos relacionamos mucho con los discípulos que llegan de todas partes. Él es especial. Pregunto a la Madre por qué está aquí viendo esto, por qué yo lo he visto a él y por qué guardo silencio cuando debería avisar su presencia.
Dibujo en la tierra la manzana y la serpiente. Sé que habla de la fecundación y la naturaleza sagrada de la raza humana. Él me ve dibujando. Yo le explico. No estoy autorizada para revelar nada a nadie,  yo no soy enseñante, pero éste hombre es distinto, él vió cosas que no debía, su camino es distinto. Siento atracción por él, ganas de enseñarle. No es fácil, no hablamos el mismo idioma. Él es un caballero, un noble, ha venido de lejos y sabe hablar mi idioma. Yo apenas sé hablar el mío. He recibido instrucción desde niña, pero en el nivel en que estoy yo y las demás el lenguaje es algo que se va olvidando, soy parte más del bosque, soy un canal, no soy completamente humana.
Ellos van a venir  a buscarnos. Nos acusan de prostitución, brujería, sacrilegio. Todo eso nos llevará a la hoguera. Nuestros tiempos de dicha y sabiduría se acaban. Ellos han llegado. La mitad de nosotras y los enseñantes se van, así debe ser. Yo elijo quien se queda. Mi hermana se va, la obligo. Nos quedamos muy pocas. Nos quedamos para que los curas sacien su hambre de asesinar, los demás se van porque la orden debe seguir viva, es el conocimiento de la humanidad.

Ellos entran como bestias. Estamos reunidas en el templo sagrado. No ofrecemos resistencias pero aman la violencia. Hacen que miremos apoyadas junto a una pared mientras, con cuerdas, derriban la dios, se hace pedazos. Grito mientras caigo e rodillas. No importa que vean mi dolor, no me importa que arder. Sus impuras manos ensucian lo bueno, la verdad de los hombres y la tierra, la naturaleza de las almas, lo sagrado del cosmos. Mi grito es como el de un animal herido.

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