Nos sumergimos en el agua por mucho rato, no sé contar las horas. Es invierno, el bosque está nevado y el agua congelada, pero voluntariamente entramos en ella. Es lo que somos.
Nuestro instructor está afuera, cuidándonos, hablándonos,
guiándonos. Hoy somos cuatro mujeres. Esta es sólo una prueba de tantas a las
que nos sometemos en nuestro entrenamiento espiritual. El frío nos lleva a un
estado de seminconsciencia en el que experimentamos trances y visiones
místicas. No es de gran importancia lo que veamos o sintamos en éste momento,
pero es importante vivirlo, estar siempre en conexión. Somos los puentes.
El agua llega hasta mi barbilla cuando resbalo. Éste arroyo
no tiene fondo. Sus orillas descienden hasta que la tierra se abre en un canal
subterráneo. Debemos cuidar de no resbalar. Si lo hacemos no pasará nada, pero
cualquiera prefiere no descuidarse.
El agua es tan clara que puedo ver mis pies. Están muy
blancos. A pesar del dolor y la incomodidad me siento limpia.
De pronto veo una figura entre los árboles, a lo lejos.
Éstos ritos nadie los puede ver, ni siquiera los discípulos. Me quedo mirándolo
y él nos observa. Está impresionado, lo sé, él sabe lo que hacemos pero nunca
lo había visto. Es primera vez que veo a este hombre. No nos relacionamos mucho
con los discípulos que llegan de todas partes. Él es especial. Pregunto a la
Madre por qué está aquí viendo esto, por qué yo lo he visto a él y por qué
guardo silencio cuando debería avisar su presencia.
Dibujo en la tierra la manzana y la serpiente. Sé que habla
de la fecundación y la naturaleza sagrada de la raza humana. Él me ve
dibujando. Yo le explico. No estoy autorizada para revelar nada a nadie, yo no soy enseñante, pero éste hombre es
distinto, él vió cosas que no debía, su camino es distinto. Siento atracción
por él, ganas de enseñarle. No es fácil, no hablamos el mismo idioma. Él es un
caballero, un noble, ha venido de lejos y sabe hablar mi idioma. Yo apenas sé
hablar el mío. He recibido instrucción desde niña, pero en el nivel en que estoy
yo y las demás el lenguaje es algo que se va olvidando, soy parte más del
bosque, soy un canal, no soy completamente humana.
Ellos van a venir a
buscarnos. Nos acusan de prostitución, brujería, sacrilegio. Todo eso nos
llevará a la hoguera. Nuestros tiempos de dicha y sabiduría se acaban. Ellos
han llegado. La mitad de nosotras y los enseñantes se van, así debe ser. Yo
elijo quien se queda. Mi hermana se va, la obligo. Nos quedamos muy pocas. Nos
quedamos para que los curas sacien su hambre de asesinar, los demás se van
porque la orden debe seguir viva, es el conocimiento de la humanidad.
Ellos entran como bestias. Estamos reunidas en el templo
sagrado. No ofrecemos resistencias pero aman la violencia. Hacen que miremos
apoyadas junto a una pared mientras, con cuerdas, derriban la dios, se hace
pedazos. Grito mientras caigo e rodillas. No importa que vean mi dolor, no me
importa que arder. Sus impuras manos ensucian lo bueno, la verdad de los
hombres y la tierra, la naturaleza de las almas, lo sagrado del cosmos. Mi
grito es como el de un animal herido.
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