He sido su carcelera
ella, por tanto tiempo, ha esperado en medio del fuego
ella no deja de arder, año tras año
su rostro es una llama y un estruendo ensordecedor
¿Cómo pude temerle si su existencia es la tenue caricia de
las sombras del mediodía?
No me digas amor, que soy mitad desapego
No me digas paz, que andanza es una declaración de guerra
elijo la dirección vertiginosa del caos
el desborde
el rechazo de doctrinas, religiones y teorías
soy la que ató los reflejos al fondo del agua
y corrió despavorida, temiendo su venganza
Hoy vuelvo a abrir los candados
desato el desorden, la duda, las libertades negras
y abro las puertas al incendio que yace escondido en mi
cabeza.
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