martes, 12 de abril de 2016


Estoy gritando. Pueden verme aquí sentada frente a la televisión, con la cara impávida y el cuerpo inmóvil, pero estoy gritando, arrancándome el pelo y llorando. También caminando de un lado a otro y bebiendo licor hasta la inconsciencia. Prendiendo un cigarro tras otro, maldiciendo, tomando un camino perdido de todos ¡huyendo!. Estoy en la calle. Estoy golpeando su puerta, derribando su jaula, mientras mi corazón se me sale del pecho y se incendia. Estoy muriendo, estoy riendo descontroladamente, estoy abandonando mi casa y el apestoso futuro. Estoy en todas partes. Estoy a su lado en la cama, observándolo dormir, acariciándolo hasta volverlo niño sin miedos, arrastrándolo desde el infierno. Mi mano sujeta una taza de café frío, pero en realidad está sujetando su mano mientras volamos; hemos destrozado el techo y nos hemos lanzado hacia el cielo negro. Tan muertos, tan libres...tanto descanso para nuestros pies adoloridos. Mi voz automática en realidad canta. Mis ojos vacíos están en otro lado, abiertos y maravillados. No soy la que ahora cuenta el avance de las horas de esta tarde amarga, soy la que duerme con él un sueño aparte donde él sonríe, él me abraza, él descansa, él ya no guarda en los párpados su pena, él susurra "te amo, muñeca".

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