Me
dijeron que el arte sólo existía en el dolor. Yo soporto la locura mejor que la
tristeza, por lo que huí de las inspiraciones dolorosas del drama. Para éso,
para no volverme loca. Tengo demasiadas deudas que pagar como para estar loca y
demasiada técnica en la cabeza. Pero la puerta está siempre abierta y hay un
cielo en cada lado. Tengo mis fantasmas locos y cuerdos, pero sólo los primeros
me acarician el pelo. Aún no puedo decidir en cual juntaré ambas mitades de mi
disociado cuerpo. Transito, por ahora, más o menos a voluntad, más o menos
arrastrada a la fuerza por mis insurrectas ideas.
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