domingo, 3 de abril de 2016
Veo pasar las estaciones. Me quejo del frío, me quejo del calor. Me quejo de las micros, de los tacos y del encierro. De que estoy demasiado al sur de mis sueños y al norte de mis miedos. No es suficiente la ruta para mis pasos pequeños y nerviosos, que a veces desesperan y a veces celebran. Que marcan una huella única, buscadora de pisadas ajenas Estoy en un terminal de buses, donde no sólo se termina sino también se comienza, también se huye, también se espera. Lo aprendí en la infancia cuando mi chasquilla de niña iba y volvía, respondía llamadas, bostezaba y temblaba, donde ignoraba el curso perdido que tomaba la vida. Lo perdido se recupera a medias, por lo tanto, a veces tengo conciencia y a veces mi alma es sólo una viajera entre estrellas.
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